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La Belleza y el Arte de Admirar

Ventanas hacia una Realidad Superior

En el camino del desarrollo personal, solemos enfocarnos en la disciplina, el estudio o la salud física. Sin embargo, existe un elemento transformador que a menudo pasamos por alto: la capacidad de admirar. Según las enseñanzas impartidas por el psicólogo Patricio Bermúdez en mayo de 1996, la admiración no es un acto fortuito, sino una facultad que requiere entrenamiento para permitirnos ser receptivos al espíritu de la belleza.

El entrenamiento para la admiración

No se puede admirar de forma espontánea o por «puras albóndigas»; el ser humano debe prepararse para ver el mundo superior. Este entrenamiento se fundamenta en tres premisas esenciales:

1. Visión positiva: Mantener una perspectiva constructiva ante la realidad.

2. Apreciación: Aprender a reconocer el placer que nos atrae, nos eleva o que hemos aprendido a valorar.

3. Evaluación positiva de logros: Reconocer nuestros propios avances como parte del crecimiento.

Cuando vivimos bajo estas premisas, la admiración surge como una resultante natural, convirtiéndose en la ventana necesaria para acceder al mundo psíquico.

La belleza como técnica de desarrollo

Uno de los fallos en las «técnicas espirituales» contemporáneas es la omisión de la belleza. Para avanzar hacia un desarrollo integral, Patricio Bermúdez proponía una fórmula de equilibrio fundamental: atender las necesidades básicas de la pirámide de Maslow + admiración.

La belleza es, en esencia, la puerta de entrada al mundo psíquico y espiritual.

Para nuestros sentidos, toda mejora en nuestra calidad vibratoria es percibida como bella; cuando experimentamos una atracción positiva que nos eleva, estamos realmente percibiendo la belleza.

Sin embargo, debemos aprender a distinguir entre los diferentes tipos de placeres que experimentamos:

• Placeres que degradan: Aquellos que nos destruyen o restan calidad humana.

• Placeres que mantienen: Necesidades básicas como la alimentación.

• Placeres que elevan: Estos son los que nuestros sentidos identifican como belleza.

Atracción: ¿Instinto o Elevación?

Es crucial diferenciar la verdadera belleza de las «atracciones fatales». Mientras que la belleza nos eleva, las atracciones fatales están ligadas a los instintos y pueden estar relacionadas con la psicopatología humana.

En nuestras relaciones, solemos movernos en la conquista emocional, donde «esperamos algo del otro» (que nos hable bonito, que nos dé regalos, que nos dé interés). Y a la vez nosotros hacemos los mismo para conquistar al otro. Esta actitud nos mantiene en una etapa infantil, funcionando siempre en dependencia de lo externo. El paso hacia la madurez implica la conquista intelectual y la autoestima, donde «yo» soy quien funciona y actúa.

Más allá del condicionamiento: La vivencia personal

La mayoría de las personas creen captar la belleza, pero en realidad solo captan lo que se les ha enseñado a creer que es bello según su entorno social o cultural. Los criterios estéticos suelen ser prejuicios aprendidos —como los gustos musicales— y no una percepción real.

Para captar la verdadera belleza se necesita experimentarla. No es algo que se pueda enseñar teóricamente; exige una vivencia personal y estar presente en las circunstancias que la belleza ofrece. Al experimentar ese impacto estético de forma genuina, se abre ante nosotros un momento único: la puerta a un nivel de conciencia superior.

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El arte aporta belleza a los sentidos, pero si deseamos ir más allá, debemos retirarnos de ellos, hacia nuestro interior, conservando la emoción que nos inspiró, etérea y desarrollándola hasta penetrar en su morada. Allí, bajo el encantamiento, somos belleza. Paul Brunton https://www.paulbrunton.org/notebooks/14

Este artículo rescata las notas de clase de Patricio Bermúdez (INDIPP, Mayo 1996), recordándonos que cultivar la apreciación por lo bello es un camino directo hacia nuestra evolución psíquica.

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