Novena de Navidad 2025
Día 6
El Zorro
Entonces apareció el zorro que saludó al Principito y recibió una respuesta muy cortés. Pero el Principito no vio nada al principio, pues el pequeño animalito estaba debajo de un manzano. —¿Quién eres? Eres muy lindo— dijo el Principito. —Soy un zorro—fue la respuesta que recibió. El Principito le pidió que jugara con él, pues ¡estaba tan triste!… El zorro le preguntó: —¿Buscas gallinas? —No, busco amigos— Pero el zorro le dijo que no podía jugar con él, pues no estaba domesticado. El Principito pidió disculpas, pero, luego de reflexionar, preguntó qué significaba domesticar. Es una cosa demasiado olvidada, respondió el zorro. significa crear lazos.

Para el zorro, el Principito no era sino un muchachito semejante a cien mil otros y el zorro no lo necesitaba. —Pero si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Serás para mí único e el mundo. Seré para ti único en el mundo…
El Zorro es, pues, el único amigo que encuentra el Principito. Y, si el Principito lo domestica, la vida del zorro se llenará de sol. Conocerá un ruido de pasos diferente a otros, y amará el trigo dorado pues le recordará al Principito. —Por favor, domestícame— pide el zorro. —Me gustaría. Pero no tengo mucho tiempo. Tengo que conocer amigos y explorar muchas cosas— fue la respuesta del Principito —Sólo se conocen las cosas que se domestican— dijo el zorro. —Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, domestícame—
El zorro le enseñó cómo domesticarlo, poco a poco, con paciencia. Le dijo también que debía llegar a la misma hora, porque un poco antes se sentirá agitado e inquieto, pues debía descubrir el precio de la felicidad… Los ritos son necesarios y son también algo olvidado. El Principito domesticó entonces al zorro y, cuando llegó el momento de la despedida, el zorro tenía ganas de llorar. El Principito le dijo que él tenía la culpa por pedirle que lo domesticara y que al llorar le demostraba que no ganó nada. —Gano, dijo el zorro, por el color del trigo”,(dorado como el cabello del Principito) y le prometió que cuando se reencuentren le revelará un secreto.
Este capítulo de la historia del Principito, es una extraordinaria lección de vida. La ingenuidad e inocencia del Principito contrasta con la sabiduría del zorro, una criatura de la tierra, un ser, como todos los animales, montañas, plantas, árboles, ríos, etc., a quienes no respetamos y más bien a veces atacamos y destruimos. Pero también representa a esa parte un tanto salvaje que habita en nosotros y que sólo requiere que la domestiquemos, que creamos lazos con ella, pues también siente, sufre y llora y quisieran que su existencia se llene de sol…
Analicemos cuidadosamente esta historia del Principito y el zorro, y descubriremos que encierra grandes enseñanzas, contadas de manera sencilla, que pueden servir en nuestra vida interior y en nuestras relaciones con los demás. ¡Quizás sea necesario que nos domestiquemos a nosotros mismos!
Por último, cerraremos este día recordando a otro ser extraordinario, sencillo y luminoso, el que creó por primera vez la representación del nacimiento, del Belén que acogió a Jesús. Todo en la naturaleza mantenía un diálogo con el Santo de Asís, Francisco, que nos hablaba de la hermandad entre la Tierra, sus criaturas, el cielo, el sol, la luna, que eran sus hermanos y hermanas.
En este día tan cercano a la Navidad, a la llegada de Jesús, renovemos nuestros lazos con lo que nos rodea, descubramos las maravillas que nos rodean, el cielo, el aire, el sol, el viento, las nubes, una flor, un árbol, una montaña, las aves, los animales, todos son criaturas del universo, tienen derecho a existir, a que las domestiquemos, y hagamos de esa experiencia un canto de alabanza a Dios y a su creación.
Blanca
21 diciembre 2025