Novena de Navidad 2025
Dia 9
El retorno
En cuanto llegó a la Tierra, el Principito no vió a nadie y creyó haberse equivocado de planeta, hasta que observó un anillo de color de luna que se revolvía en la arena y a quien el Principito saludó con mucha cortesía. El anillo de color de luna le informó que había llegado a la Tierra, concretamente a un desierto de África y el Principito entabló un diálogo con lo que era en realidad una serpiente. “¿Dónde están los hombres? Se está muy solo en este planeta”,dijo el Principito. “Con los hombres también se está solo”,respondió la serpiente, y le habló de su poder. “A quien toco, lo vuelvo a la tierra de donde salió, pero tú eres puro y vienes de una estrella…”
Luego de haber bebido el agua y recuperado fuerzas, en el amanecer del día siguiente al del encuentro del pozo, el piloto miraba la arena, que con el color del día, estaba de color miel. Pero sentía una extraña tristeza. El Principito volvió al tema de los dibujos y pidió al piloto que le dibujara un bozal para su cordero; pero al dar un vistazo a los otros dibujos del piloto, observó que su dibujo del zorro tenía unas orejas que parecían cuernos y que estaban muy largas y eso le causó risa. Luego el Principito dijo que al día siguiente se cumpliría un aniversario de su caída sobre la Tierra. Volvía al punto de su caída y eso intranquilizó al piloto. Se acordaba del zorro, cuando uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar.
Al día siguiente, el piloto retornaba de su trabajo de reparación del avión, y miró al Principito sentado en un alto muro dialogando con alguien. “¿Tienes buen veneno? ¿Estás segura de no hacerme sufrir mucho tiempo? El piloto se detuvo, con el corazón comprimido, hasta que miró a la serpiente debajo del muro, que escapó rápidamente. Tomó en sus brazos al Principito, aflojó su eterna bufanda de oro, mojó sus sienes, y le hizo beber. El Principito le miró y rodeó su cuello con los brazos. El Principito sabía ya que el piloto había terminado de reparar su avión y volvería a su casa. “Yo también hoy vuelvo a mi casa. Es mucho más lejos, es mucho más difícil”. “Has tenido miedo, hombrecito”…“Tendré más miedo esta noche”. “¿Qué es eso de la serpiente y el veneno?”.El Principito respondió:

“Lo que es importante, eso no se ve. Es como la flor. Si amas a una flor que se encuentra en una estrella, es agradable ver al cielo por la noche. Todas las estrellas están florecidas. Es como el agua, la que me has dado de beber era como una música, por la polea y por la cuerda… era dulce… No te puedo enseñar dónde se encuentra mi estrella porque mi casa es muy pequeña. Será mejor así. Mi estrella será para ti una de las estrellas. Entonces te agradará mirar todas las estrellas…Todas serán tus amigas. Y te voy a hacer un regalo: las gentes tienen estrellas que no son las mismas, para unos son guías, para otros son oro o simplemente lucecitas, Pero todas esas estrellas no hablan. ¡Tú tendrás estrellas que saben reír.
Estarás contento de haberme conocido. Serás siempre mi amigo. Pero también calló porque lloraba”.El Principito trató de impedir que el piloto lo siguiera, pero este fue tras él sin poder alcanzarlo, y logró ver el relámpago amarillo acerca de su tobillo. El Principito cayó suavemente, como cae un árbol, en la arena. El piloto supo que el Principito realmente volvió a su planeta, pues al día siguiente no encontró su cuerpo.
El amor y la amistad son eternos
Lo que parece ser un final triste y hasta trágico, es más bien una invitación a la reflexión. El Principito, el pequeño niño que llevamos dentro, se asomó al mundo de los adultos, pero debe retornar a su hogar, a su pequeño planeta, a nuestro interior. Representa la vuelta a la inocencia y nos recuerda que el amor y la amistad son eternos. Podemos ver en el relato una alegoría de un viaje espiritual, de un momento de contacto entre el niño que fuimos y el adulto que somos hoy. Y esta historia, a pesar de su sencillez, nos impacta al hacernos recorrer la jornada de nuestro Principito, que mantiene la sabiduría y la frescura innatas en la infancia, que luego el mundo las reemplaza por otras, las del mundo adulto, a veces árido como una roca, a veces con alguna flor, pero siempre con la añoranza de la niñez perdida.
Jesús, el de la bella mirada
Aprovechemos el despliegue de Luz, de Paz, de Armonía que nos da la Navidad, por el recordatorio del nacimiento de ese otro Principito, Jesús, el de la bella mirada y un corazón tan grande que el universo entero cabe en él. El que llegó al mundo sabiendo el dolor y el sacrificio que debería sobrellevar, para dejarnos un mensaje de sabiduría y amor que durante dos mil años no ha podido borrarse del planeta y que sigue renaciendo en nosotros en cada Navidad, cuando, en medio de tristezas y desengaños, de alegrías y añoranzas, de abundancia y pobreza, de compañía y soledad, Jesús nos da esperanza, nos inunda de serenidad y nos dice que estamos hechos del mismo material que su corazón, que las galaxias, que las plantas, las montañas y las flores y que bastar alzar los ojos a su cielo, escuchar la risa de las estrellas, de nuestra estrella, y llenarnos de gozo y paz.
QUE LA LUZ DE JESÚS BRILLE SIEMPRE EN NUESTRA ESTRELLA
Y NOS HAGA VER LA VIDA CON LA MIRADA DULCE
E INOCENTE DE NUESTRO PRINCIPITO
Blanca
Diciembre 24