Si mil veces nos caemos, mil veces nos levantamos
El Dr. Bermúdez, en sus cátedras del INDIPP describía una realidad planetaria que resuena con el espíritu del tango «Cambalache». Según sus enseñanzas, hemos pasado de un planeta que funcionaba como una «escuela» hasta los años 60 o 70, a uno que desde la década de los 80 se ha convertido en un «manicomio». En este escenario, ¿la humanidad se encuentra en un proceso involutivo? ¿enfrentado a emociones dañadas y una maldad que a menudo se jacta de sí misma?
Antes de continuar con esta lectura, les invitamos a escuchar:
Actualmente, el ser humano necesita utilizar y practicar lo que más pueda, para poder sostenerse en lo que sucede a su alrededor. Así pues, encontramos oasis en medio del desierto, en las clases del INDIPP:
1. El Arte de Levantarse: «Si mil veces nos caemos…»
Una de las máximas más poderosas del Dr. Bermúdez para enfrentar este «mundo manicomio» es la aceptación de la caída como parte inevitable del aprendizaje espiritual. En su última clase, dejó sentada una regla de oro para el buscador:
«Si mil veces nos caemos, mil veces nos levantamos». El fracaso no es una derrota definitiva, sino un diagnóstico de nuestra técnica o ética actual.
Se distinguía claramente entre el perdedor y el triunfador: «El ganador, luego de haber perdido 100 veces, obtendrá el triunfo en la vez 101». En este camino, instaba a sus alumnos a no ser cobardes y a no dejar de intentar y de seguir adelante, a pesar de los tropiezos.
2. El Valor Evolutivo del «Aguante»
Contrario a la búsqueda ciega del placer que caracteriza a la masa, nos enseñaba que el dolor y la derrota son maestros. La capacidad de resistir las pruebas de la vida es lo que él denominaba «el aguante», una métrica directa del avance espiritual:
«El aguante mide mi desarrollo espiritual»
Este «aguante» no es un sometimiento servil, sino la capacidad de resistir las pruebas sin pelear, agradeciendo la oportunidad de fortalecimiento interior.
«toda persona que me derrotó es mi maestro», y lo que para la persona es un fracaso, para Dios representa una oportunidad.
3. Herramientas para la Reconstrucción: Oración y Ética
Para levantarse tras una caída en este mundo problemático, el Dr. Bermúdez recomendaba recurrir a herramientas que trascienden el intelecto:
• La Ética como Brújula: afirmaba que la ética es la clave del desarrollo psíquico auténtico y el método más rápido para el crecimiento adecuado.
• La Oración como Conexión: Ante la caída y la tentación, la oración es el arma principal para reconocer nuestra limitación: «Necesitamos orar… la fuerza de la oración nos da la capacidad de ser chilca [humilde]». La oración no debe pedir la solución de los problemas, sino claridad para comprender el destino.
• La Perseverancia: El buscador debe mantener una confianza mínima y un punto de apoyo —un libro, un texto o la propia respiración— que le permita mantenerse en el empuje diario.
«Aprender es recibir conocimiento; pero quien busca aprender esta Verdad, que está más allá de todas las demás verdades, debe venir con su mente, su corazón, su cuerpo y su voluntad. Con su mente porque su pensamiento debe ser llevado a su máxima expresión. Con su corazón porque se le exige un amor mayor del que ahora comprende. Con su cuerpo porque ha de ser el templo del Espíritu Santo. Y con su voluntad porque no puede detenerse en esta empresa hasta haberla completado». — Paul Brunton
Conclusión
El Dr. Bermúdez instaba a sus alumnos a no ser «estatuas de sal» que miran atrás hacia sus errores pasados. En lugar de ello, proponía una vida de acción consciente donde cada caída es una invitación a refinar el ser:
Nada del esfuerzo que hemos hecho se pierde, está garantizada la recompensa… hay que tener dignidad y fortaleza para seguir». Al final, levantarse es un acto de dignidad que permite dejar «un poquito mejor» lo que la vida nos prestó
